martes, 1 de septiembre de 2015

Introducción

El mito de los platillos volantes u ovnis nació en la prensa, concretamente en la prensa norteamericana a finales de los años 40 del pasado siglo. Pronto todo el mundo occidental se hizo eco de la aparición de misteriosos objetos de procedencia desconocida, más tarde extraterrestres. De ahí en adelante todo fue un rodar cuesta abajo, una carrera desbocada por la afirmación más sensacional, más sorprendente y más absurda hasta convertirse en un mito, en una explicación tácita sobre nuestro lugar en el mundo y en el cosmos, una creencia de carácter religioso firmemente anclada en las mentes occidentales imposible de eliminar, con una capacidad de asimilación tanto de elogios como de críticas, de pretendida apertura mental y cerrazón del mismo tipo inagotable. Cualquier información, cualquier rumor, especulación o conjetura científica provisional podía ser absorbida por el mito, por la mente de las personas que abrieron su mente a él sin pedir pruebas que estuvieran a la altura de lo que aseguraban sus representantes más conspicuos socialmente.

En las primeras décadas del mito los platillos volantes ocupaban las primeras páginas de la prensa; en los años noventa ocupaban la última, junto a otras noticias del mismo calibre y extravagancias variadas, simples rellenos con los que atraer la atención del lector antes de que éste abandonara el ejemplar en la barra del bar. De ser una importante preocupación social al principio, las apariciones de ovnis pasaron a codearse con actrices que aumentaban su pecho mediante la cirugía estética o sujetos que batían récords absurdos. En cierto sentido, los platillos volantes u ovnis siguen cumpliendo un rol similar en su historia mediática en la prensa: sorprender y llamar la atención, sólo que, al principio, nos hacían fruncir el ceño y en la actualidad nos hacen sonreír socarronamente. El descenso a la segunda división B del misterio en las últimas décadas es manifiesto en este retroceso hasta ocupar el furgón de cola de las publicaciones diarias, si es que aparece.

La caída a posiciones secundarias de las noticias ufológicas lleva aparejado también un cambio en sus contenidos. Y la prensa escrita de las Islas Canarias reflejó esta evolución –el objeto de este blog-, que no debió ser más que reflejo, a su vez, de lo que ocurría en otras regiones españolas y en el resto del mundo. En las primeras décadas, aproximadamente hasta 1967, abundan las referencias sobre la naturaleza global del misterio de los platillos volantes. Desde el citado año hasta mediados de la década siguiente, salvo los tres primeros años de la década, se produjo una auténtica avalancha de noticias, a diario en ciertas épocas. De ahí en adelante el misterio continúa siendo tal, pero es presentado de manera casi rutinaria y el número de noticias al respecto decrece rápidamente, apareciendo como sucesos puntuales entre otros. De hecho, en no pocas ocasiones las noticias sobre avistamientos quedan recluidas en la sección de sucesos. Más adelante, en los años noventa, siguen siendo colocadas en las páginas de sucesos o en la última, entre curiosidades más o menos chocantes. En cuanto al tipo de noticias ufológicas también es fácilmente detectable un cambio: la abundantísima casuística de los años cincuenta, sesenta y setenta junto con largos artículos, algunos ocupando páginas completas, da paso en los años noventa y primera década del siglo actual a comentarios pintorescos y en general superficiales sobre aspectos concretos como el secretismo oficial o la desclasificación de los informes secretos de las Fuerzas Aéreas españolas y de otros países.

El objetivo de este blog es ir comentando, sin periodicidad fija, algunas noticias ufológicas no relacionadas con la casuística ufológica canaria, o no directamente relacionadas con ella, sin orden cronológico. En mi archivo conservo más de 1.000 noticias publicadas en la prensa local bajo el citado criterio. Las relacionadas con la casuística canaria duplican, al menos, esa cifra (lo que no quiere decir que el número de observaciones sea el mismo; es bastante menor), pero ésta es materia para tratar en otra ocasión de forma conveniente. La auténtica invasión, que sí llegó, aunque alguna conferencia mía lleve por título la negación de esa invasión, tuvo lugar en los periódicos. Iremos echando un vistazo y comentando lo más destacado al respecto, desde Kenneth Arnold hasta ayer por la noche.

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