miércoles, 2 de septiembre de 2015

¡Platillos volantes!

La primera referencia a los platillos volantes en la prensa canaria se halla en La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria) el 8 de julio de 1947. Dos semanas antes, el 24 de junio, había tenido lugar el caso fundacional de la historia de los ovnis: la observación de Kenneth Arnold de nueve objetos brillantes en el estado norteamericano de Washington que se movían como platos lanzados contra el agua, entrando y saliendo de la formación a gran velocidad. A partir de entonces, se desató una auténtica epidemia de observaciones por todo el país. Por entonces, como quedó demostrado en las primeras encuestas de opinión realizadas, el origen extraterrestre de los misteriosos platillos no se contemplaba, ya que se pensaba que eran armas secretas, bien soviéticas, bien norteamericanas. El caso Arnold ha sido estudiado hasta la saciedad y lo más probable es que se tratara de un vuelo de prueba de aeronaves secretas. El ensayo más exhaustivo al respecto es el de MartinShough: The Singular Adventure of Mr Kenneth Arnold.

La Provincia reproduce en la fecha indicada una nota de prensa de la agencia EFE de noticias que señala que continúan las apariciones de platillos volantes. Ante esta situación el general Arnold, veterano de la Segunda Guerra Mundial, opinaba que los objetos observados podían ser algún invento de su propio país en vías de experimentación; un invento extranjero fuera de control; aviones de propulsión a chorro o por reacción. El general Henry H. Arnold (que no era pariente del citado testigo K. Arnold), fue un brillante mando de la Fuerza Aérea norteamericana que participó en la operación Lusty (Luftwaffe Secret TechnologY). Tenía por objeto la captura y el análisis de documentos científicos, centros de investigación, aviones y armas alemanes de la Segunda Guerra Mundial, así como el reclutamiento de científicos y personal técnico.

Los extraterrestres no harían aparición hasta algunos años más tarde, así que podemos decir que hay un desfase entre el momento en que la historiografía del mito de los platillos volantes localiza su origen (24/6/47, caso K. Arnold) y el momento en que al repertorio de explicaciones se une la del origen extraterrestre, lugar casi común en cualquier historia del mito ufológico racional. Es importante señalarlo porque las fuentes menos críticas, y por desgracia mayoritarias, no suelen hacer distingos, de tal forma que esos primeros años en los que la sociedad occidental no pensaba en los alienígenas para entender esas extrañas observaciones celestes también se contabilizan entre los de la era de los platillos volantes en tanto que naves extraterrestres, asimilación exitosa a partir de entonces.

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